Friday, June 06, 2014

LIBROCOMENTARIOS :Comunicación Política 2.0

184 páginas
ISBN

Community Management: Comunicación Política 2.0

Por
Rubén García Tamboleo
Gobierno y Gestión Pública
Instituto de Educación Superior TQM
2014
978-84-941869-9-8

La obra, Tiene Que el Formato de Manual QUIERE compartir la ilusión de Ayudar a study Una Realidad Que Siempre ha Estado en Cambio, Pero Que Cambia Hoy Más deprisa de lo Que lo ha Hecho Nunca, gracias a las Tecnologías y Energías Características de la III Revolución Industrial. Ellas Con, sí de han Generado Nuevas Herramientas Que posibilitan Nuevos Espacios reales y virtuales Donde sí Hace Posible Una Comunicación Más rica, Más fluida y estafa Mayores Actores en Juego, Por Lo Que algunos fenómenos Sociales sí Han Hecho MAS complicados, requiriendo de Especialistas en Diferentes Materias Para El Análisis y El Trabajo cotidiano de Retos Complejos, algunos De Los Cuales HASTA HACE MUY POCO escapaban A La PROPIA Imaginación De Las Personas.

La Comunicación Política no es ajena a ESTO, y ha sufrido Transformaciones en las ESTRUCTURAS Y DE Como Consecuencia en la vereda Los Medios de Me Hacen Posible, Dentro de ONU arco de Nuevas tools and communication vieja, COMO Florerias descubrirse en la obra.

Fuente:

Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
Diplomado en "Gestión del Conocimiento" de la ONU
Diplomado en Gerencia en Administracion Publica ONU
Diplomado en Coaching Ejecutivo ONU( 
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Marx, Piketty y los ladrones de títulos

Marx, Piketty y los ladrones de títulos
Maciek Wisniewski*
C

uando murió Gabriel García Márquez, Juan Sasturain anotó que el autor de Cien años de soledad no sólo fue un notable fabulador, sino también un extraordinario titulero. Quiero decir y me animo: sus libros no serían tan buenos con otros títulos ( Página/12, 18/4/14).

Acordándome de esto y acabando de leer el muy sonado Capital in the twenty-first century (2014, 671 pp.), de Thomas Piketty –el nuevo "economista superstar"–, quiero decir y me animo: su libro no tendría tan buena recepción con otro título. Sin la obvia (¿burda?) alusión a El capital de Marx que, dicho sea de paso, no sólo fue un gran economista (y sociólogo), sino también un gran titulero (y hacía buena literatura). ¡Y vaya! Un libro que de Marx –aparte del título– no tiene nada, y que además desde el punto de vista marxista resulta problemático.

Difícil decidir por dónde empezar y dónde acabar. Veamos por ejemplo la definición del capital: mientras para Marx éste era –sobre todo– una específica relación social, para Piketty –como para otros economistas neoclásicos– es sólo un conjunto de bienes, sinónimo de riqueza (pp. 47-48). O fragmentos donde señala –supuestas– limitaciones de Marx (pp. 7-11) o rechaza la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (pp. 227-230), que despiertan serias dudas sobre si el autor haya leídoEl capital o algo más de Marx.

He aquí una respuesta ( New Republic, 5/5/14):

"(Entrevistador): –¿Podría decirnos algo sobre el impacto de Marx en su pensamiento y como empezó a leerlo?

"(Piketty): –En realidad nunca lo he leído... (¡super-sic!). (Sólo) elManifiesto comunista, una pieza breve, fuerte. Das Kapital creo que es muy difícil de leer (¡sic!) y no fue mi influencia (¡sic!)

"–Porque por el título de su libro, parecía que le rendía tributo.

"–No, no, ¡para nada! La gran diferencia es que mi libro es sobre la historia del capital (¡sic!), y en el libro de Marx no hay datos (¡supersic!)."

Sólo alguien que ni ha visto El capitalpudo decir algo así... y como al final dijo que leyó el Manifiesto, también decidiórobar este título, publicando suManifiesto por Europa The Guardian, 2/5/14).

Con esto bastaría, pero igual el marxista inglés Michael Roberts se tomó la molestia de desnudar más a Piketty (véanse varias entradas en su blog: The Next Recession). Sólo una de las conclusiones (más generoso, imposible): "Si se limitara a presentar sus datos sobre la desigualdad (¡él sí tiene datos!: MW), sería una contribución. Pero quiso más: corregir el marxismo (¡sic!) y remplazarlo con sus 'leyes fundamentales' (¡sic!), según las cuales se puede arreglar al capitalismo reduciendo las desigualdades".

David Harvey, el experto en El capital, señaló por su parte que aunque los datos de Piketty son valiosos, las razones de la desigualdad que da tienen fallas, que capital no es riqueza y que le haría bien leer a Marx, cosa que no hizo ( davidharvey.org).

Michel Husson, el marxista francés, remarcó que su enfoque neoclásico simplemente distorsiona las verdaderas leyes del movimiento en el capitalismo (Contretemps, 10/2/14).

Incluso queriendo reconocerle algo como el cuestionamiento a los dogmas neoliberales (desigualdades y meritocracia son buenos), o un buen estilo y referencias literarias (Austen, Balzac, Dickens, etcétera), uno acaba como Alan Nasser en su bastante matizada reseña ( Counterpunch, 2-4/5/14), señalando más fallas: ausencia del lado del trabajo e ingenuidad política.

Todos los autores –incluido Marx, que con su Miseria de la filosofíaparafraseaba a Proudhon para atacarlo–tomamos prestados o robamos títulos ajenos; para jugar con palabras, evocar, criticar o para llevar mejor el argumento propio. Este columnista atracóúltimamente dos veces a Foucault ( La Jornada, 9 y 23/5/14); ahora asaltó a De Sica ( Ladrones de bicicletas,1948). No hay nada malo en esto. Pero en el caso de Piketty, no sólo resulta un poco patético, sino engañoso. Así se puede escuchar que Piketty actualiza a Marx para el siglo XXI (¡sic!) o quegracias a él, Marx está otra vez en boga (¡sic!). Así, la crítica de las desigualdades se confunde con el anticapitalismo, o parece que las desigualdades son la principal contradicción del capitalismo (y no son nada esencial de este sistema de producción, más bien propio de todas las sociedades clasistas).

Si bien entre los marxistas hay fuerte debate sobre cuál es la principal contradicción (Harvey contribuye a él con su nuevo libro: Seventeen contradictions and the end of capitalism, 2014, 336 pp.), las desigualdades ni están en la lista. O lleva a otras confusiones, incluso en nombre de buenas causas: activistas que defienden el legado de Marx (y Engels) de la privatización y desaparición de Internet (Lawrence & Wishart versusMarxists Internet Archive) ponen como ejemplo de su actualidad el –supuesto– "diálogo que Piketty lleva con él en subestseller" –¡sic!– ( The Guardian,5/5/14).

Para que no quede duda: la crítica de aquí no es la misma que le hace a Piketty la derecha (o Financial Times)tildándolo de marxista (¡sic!) y su análisis de radical; el problema es que no es suficientemente radical. Piketty pretende –este es el objetivo de su libro–salvar el capitalismo de sí mismo y –promoviendo nuevos impuestos–hacerlo funcionar para todos (que es –bien apunta Roberts– una contradictio in terminis). Según él, necesitamos el capitalismo, pero un poco más justo, más lejos de Marx, que abogaba por otro sistema, sin clases, imposible. En algún momento Piketty muestra reparos por el título, pero –paradójicamente– por su segunda parte ("... in the twenty-first century"): Tal vez era presumido ponerlo así en la víspera del siglo (p. 35). Curioso, ya que la más problemática resulta la primera (" Capital...").

James K. Galbraith, después de criticar duramente a Piketty, concluye así su reseña: (...) a pesar de las grandes ambiciones su libro no es un trabajo completo con teoría sofisticada, como su título, extensión y recepción sugieren (Dissent, primavera 2014).

Por el bien del debate dejemos abierta la cuestión de si Capital in the twenty-first century es una obra maestra (como se asegura), o si Thomas Piketty es un genio económico (como se dice). Lo seguro es que es un pésimo titulero.

*Periodista polaco

Twitter: @periodistapl


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¿Revolucionará Piketty la universidad? La economía nunca debió divorciarse del resto de las ciencias sociales

¿Revolucionará Piketty la universidad?

La economía nunca debió divorciarse del resto de las ciencias sociales

Thomas Piketty es el economista del momento. Su libro El capital en el siglo XXI, convertido de inmediato en un fenómeno superventas en Estados Unidos, presenta poderosas evidencias sobre la creciente desigualdad, debida a la acumulación de capital en las sociedades occidentales y al fin de la meritocracia como mecanismo de ascenso social.

Su éxito, enraizado en la formulación académica de unas evidencias que la crisis ha puesto de manifiesto, responde además a otra obviedad, como destacaba el semanario The Economist. Llamar la atención sobre la desigualdad en Estados Unidos es novedoso, pero hacerlo en Francia es una obviedad política. De ahí que el original en francés no llegara a la lista de los 100 libros más vendidos cuando se publicó en 2013.

Pero más allá de la influencia política que acaben ejerciendo las tesis de Piketty, su legado será poderoso para el estudio de la economía y las ciencias sociales en general. El debate epistemológico de los últimos 30 años ha girado en torno a una serie de premisas según las cuales el método científico clásico de las ciencias naturales era trasladable a las ciencias sociales.

La matemática y la estadística han ido ganando espacio en los programas académicos de las mejores Facultades de economía. Pero la tendencia al positivismo en las ciencias sociales ha permeado también en otras disciplinas como la sociología, las ciencias políticas o las relaciones internacionales. Prestigiosas universidades como la London School of Economics and Political Science han hecho de la traslación del método científico a las ciencias sociales su bandera. En esta universidad no se estudian Masters of Arts sino Masters of Science.

Los vínculos entre teoría y práctica económica  fueron evidentes durante los años de la burbuja financiera 

Y en disciplinas como las relaciones internacionales, reciben especial atención aquellas teorías que permiten cuantificar la probabilidad de conflictos entre Estados sobre la base de cálculos numéricos, que relacionan su grado de interdependencia económica o de profundidad democrática. Es lo que la teoría de la paz democrática resume bajo el lema "las democracias no van a la guerra entre ellas", cuantificable mediante correlaciones entre el grado de democratización y la disminución de la conflictividad entre países.

Francis Fukuyama saltó a la fama a principios de los 90 por su tesis del fin de la Historia, que predecía un mundo menos conflictivo gracias al triunfo de las democracias liberales con el fin de la Guerra Fría. En efecto, otra muestra más del abrazo del positivismo a las ciencias sociales (a mayor número de Estados que entren en la fase final de la historia —la democracia liberal—, menor presencia de conflictos internacionales). Es sintomático que, explicando el éxito de Pikkety, Fukuyama afirmara en Twitter que "los economistas aún deben superar su pasión infantil por las matemáticas a expensas de la investigación histórica".

El auge del positivismo en las ciencias sociales coincidió también con el periodo de "hiperglobalización" estudiado por Dani Rodrik. En este, la liberalización de los flujos de capital y la globalización financiera se elevaron a cuotas desconocidas hasta la fecha. Los mejores estudiantes de economía tenían un futuro asegurado en las empresas de capital riesgo y la banca de inversiones, consolidándose un estrecho vínculo entre universidad y sistema económico y financiero.

Todas las clasificaciones universitarias coincidían en otorgar las mejores calificaciones a aquellas facultades cuyos programas académicos (positivistas) mejor servían a las necesidades de una economía hiperglobalizada e hiperfinanciarizada. En cierta medida, se iba confirmando la máxima de la teoría crítica hacia los paradigmas dominantes, según la cual el conocimiento siempre acaba sirviendo a alguien y a algún propósito.

Piketty ha dado un paso de gigante para repensar el método de estudio de la economía. En su libro, concluye que esta disciplina nunca debería haberse divorciado del resto de ciencias sociales y que su avance solo será posible en conjunción con ellas. Los estudiantes agrupados en el colectivo ISIPE (Iniciativa Internacional de Estudiantes para el Pluralismo en Económicas, www.isipe.net) han recogido el guante lanzado por Piketty y en su "llamamiento internacional a favor de una enseñanza pluralista", reclaman una enseñanza más abierta al debate de ideas, más diversa teórica y metodológicamente y más pluralista en lo referente a los programas de estudio. Sobra decir que el profesor suscribe su manifiesto.

No se trata, pues, de dar carpetazo a las aportaciones del positivismo a la economía y el resto de ciencias sociales, sino de denunciar su supeditación al mismo. En otras palabras, lo que se pone de manifiesto es la dificultad de estudiar fenómenos sociales eminentemente complejos sobre la base de resultados metodológicamente predecibles y cuantificables.

Más allá de las contribuciones de la obra de Piketty al estudio de las desigualdades y la concentración del capital, su impacto sobre la epistemología de las ciencias sociales puede ser también revolucionario. Los vínculos entre teoría y práctica económica nunca fueron más evidentes que durante los años de la burbuja financiera. Nuevas aproximaciones metodológicas al estudio de las ciencias sociales deberían contribuir a la gestación de políticas económicas alternativas. ¿O no es cierto aquello de que grandes cambios sociales empiezan a menudo en la universidad?

Pol Morillas es profesor asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona y ESADE, y responsable del área de Políticas Euromediterráneas del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed).


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