Wednesday, February 19, 2014

#inteligencia emocional y Nebraska

CINE DE GESTIÓN: NEBRASKA 


Un tratado de inteligencia emocional 


Un tratado de inteligencia emocional

18.02.2014

Ignacio García de Leániz 0 A través de un viaje de un padre y un hijo a Nebraska para cobrar un presunto premio, la película muestra la importancia de la comunicación interpersonal. Hay películas profundamente humanas que por ello nos resultan muy pedagógicas para la gestión, tanto de nuestros colaboradores como de nuestra actitud hacían ellos. Y sin duda esta de Alexander Payne es una de las que en su sabia sobriedad, nos demuestra que el talento no precisa de mucho presupuesto. Y supone un tratado de higiene mental y emocional perfectamente trasladable a nuestros puntos de trabajo. Cómo ampliar nuestras 'zonas abiertas' Recordemos al respecto el conocido marco de referencia de la Ventana de Johary con sus cuatro cuadrantes: Zona Abierta, Oculta, Ciega y Desconocida. Padre e hijo –Woody Grant (Bruce Dern) y David Grant (Will Forte)– viven al inicio de la cinta con una Zona Abierta prácticamente nula. Sus mundos son tan distintos como distantes, agravado en Woody por una demencia senil que bordea el autismo mezclado con alcoholismo. Por eso se da el laconismo en su comunicación respectiva. No hay propiamente conversación: silencios, acaso monosílabos y siempre recelos. Pues como nos sucede en la comunicación vertical y horizontal en nuestras organizaciones: una Zona Abierta minúscula comporta unas Áreas Ocultas y Ciegas simétricamente tan amplias como suspicaces. Por eso, entre ambos protagonistas hay mera información (unidireccional), pero no comunicación (bidireccional), concepto que ya en su origen latino, communio, significaba puesta en común. Precisamente lo que les falta a ambos en esa relación quebrada por el alcohol (padre) y el reproche (hijo). Sin embargo, David va a ir descubriendo durante el largo viaje a Lincoln (Nebraska) retazos del pasado de su progenitor. Y empezar a conocer es empezar a comprender. Y comprender es cesar de juzgar, cumpliéndose el dicho de Madame de Staël: «Comprenderlo todo es perdonarlo todo». De modo que los prejuicios que nos cierran tantas puertas comunicativas son demolidos progresivamente en pro de una nueva Zona Abierta que cumple los cuatro requisitos de una relación amigable entre dos personas, según establecía Carls Rogers:
 1. La autenticidad, que permite progresivamente a padre e hijo expresar sus modos de sentir sin máscaras ni reservas propias de los cuadrantes ocultos mencionados.
 
2. La cordialidad mutua que, abandonando las anteriores brusquedades y relaciones de dominio paterno-filiales, logra una aceptación del otro incondicional, sin pretender que se comporte como uno quiera.
 
3. La empatía, a través de la comprensión por parte de David de lo que su fracaso padre siente y quiere más allá de sus inexpresividades. 4. La disposición de apertura, hacia la otra parte que convierte una actitud monológica en otra dialógica donde cabe la conversación, una vez desactivada la función bloqueadora de nuestros juicios evaluadores internos. Cómo mantener la salud emocional en nuestro trabajo De este proceso de restablecimiento de la simpatía desde una actitud de rencor inicial, podemos sacar cinco grandes implicaciones para nuestra higiene mental y gestión de correcta de las emociones en nuestros entornos de trabajo, siguiendo el criterio de Lersch:
 1. Aprender a asimilar las decepciones. Es lo que aprende David al descubrir hechos y zonas insospechadas en su progenitor. Aceptar al otro en tanto que ser limitado y con debilidades es siempre «hacerse cargo» deportivamente de una decepción, no de un ideal. También en nuestros equipos y con cada colaborador. Igual que ellos lo han de hacer con nosotros para alcanzar la madurez mental y afectiva.
 2. Reponernos rápidamente de una supuesta ofensa. El rencor paraliza y nos hace estériles. Y es además un desperdicio de nuestra energía interna, tan escasa como valiosa. David Grant muestra precisamente toda su imaginación creadora justo cuando sale de la sombra del rencor y del ajuste de cuentas. Toda la última parte de la película es un despliegue de lo que somos capaces de hacer más allá del resentimiento, una vez superado. Y cuántos rencores y ofensas albergamos en nuestra vida profesional. 

4. Evitar los conflictos inútiles. Suponen otro desperdicio de fuerzas y energías. Es muy ilustrador, cómo el hijo va pasando por alto situaciones de conflicto debido a las enfermedades de su padre que antes daban lugar a una concatenación ineficaz de reproches tipo «Yo-no-estoy-bien/ Tú-no-estás bien».

 5. Eliminar sentimientos inútiles. Especialmente los negativos (odio, aversión, desconfianza, desprecio, hostilidad), que no solo destruyen sino que nos destruyen. Es muy difícil trabajar con excelencia y deportividad desde ellos. Y mucho menos gestionar equipos. Y matan además un componente muy necesario en esta crisis: la de ser capaces de trabajar ilusionadamente. De todo eso y mucho más nos habla esta película de éxitos y fracasos tan humanos como nosotros: Por eso resulta tan formativa como cercana. No es poco para estos tiempos de aversión a lo humano. 

Ignacio García de Leániz es profesor de recursos humanos en la Universidad de Alcalá de Henares 

La película 'Nebraska' Director: Alexander Payne Nacionalidad: Estados Unidos, 2013 Género: Drama 

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Fuente:

Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en “Responsabilidad Social Empresarial” de la ONU
Diplomado en “Gestión del Conocimiento” de la ONU
Diplomado en Gerencia en Administracion Publica ONU
Diplomado en Coaching Ejecutivo ONU( 
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