Monday, August 11, 2008

LIBROS Un oasis de textos perdidos en el tiempo

IBROS

La buena organización, además de la diversidad y calidad de los títulos, sitúa a la feria al más alto nivel nacional y centra el interés de los coleccionistas
Un oasis de textos perdidos en el tiempo
Numeroso público se congregó ante las casetas de los Jardines de Pereda, en una cita de referencia para los lectores. / ANDRÉS FERNÁNDEZ
A estas alturas, lo que menos importa es la lectura del ejemplar. El olor del papel viejo, el tacto de unas tapas curtidas y la nostalgia de aquella edición que despierta el recuerdo de infancia. El coleccionismo de libros encuentra estos días un oasis de textos perdidos en el tiempo en pleno centro de la ciudad. La oferta es amplia y variada, y abarca desde las fantasías de Charles Dickens a las recopilaciones de 'Mortadelo y Filemón', para guardar con mayor cuidado joyas de la talla de un ejemplar del 'Concordantiae Bibliorum' con edición datada en 1585, o una edición del 'Quijote' del año 1833. 

El itinerario casual o riguroso, fugaz o concienzudo permite escudriñar entre ejemplares de prensa y revistas de principios de siglo, hallazgos inesperados de viejas colecciones con títulos descatalogados, clásicos de la viñeta y pequeñas joyas. Una oferta de catálogos que atraen tanto al curioso como al investigador o al lector voraz, todos ellos cómplices de un territorio en el que asoma la vitalidad del libro antiguo, la literatura, el arte y la historia. Una feria que mueve miles de volúmenes y que renueva cada edición su propuesta, desde lo más visible al catálogo más personalizado y especializado.

Son ya once años de feria bajo la organización de los libreros Carmichael Alonso y Carmen Alonso, que dirigen en Lloreda de Cayón la librería cántabra de referencia especializada en el libro viejo. El alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, y el consejero de cultura, Francisco Javier López Marcano, visitaron ayer la muestra -que permanecerá abierta hasta el día 24-, y que cuenta este año con casetas más amplias con el fin de facilitar el tránsito del público por el interior, para eliminar la barrera física que se imponía entre el comprador y el librero. La librería de Lance, de Bilbao, es una de las 15 especializadas en este negocio. «Ofrecemos gran variedad, porque el público es de lo más heterogéneo», comenta Begoña, al frente del establecimiento bilbaíno. Y la idea es no limitarse a los libros. «Traemos cromo, postal, grabado, etc. Porque al fin y al cabo todo es papel viejo; aunque es mejor que sea sólo antiguo», afirma con ironía. Después de cuatro ediciones remarca la calidad de la organización, que destaca como «causa de que tal cantidad de profesionales de toda España se trasladen a Santander con los costes que eso supone para librerías de estas características». Entre el público, predominan los curiosos que se acercan a las casetas con la confianza de encontrar algún volumen de interés y económico, pero merodean también aquellos que saben muy bien lo que buscan. «Soy de los que viajan a la feria de la Merced, en el paseo de Recoletos de Madrid, en busca de ejemplares, por eso es una maravilla que estas oportunidades lleguen también a Santander», explica Raúl cuando habla del encanto de poder tocar un libro y hablar con el librero, dado que la mayor parte de estos títulos antiguos sólo pueden ser localizados y adquiridos por Internet. «Hoy he encontrado un ejemplar de aventuras de Julio Verne en edición para niños, editado antes de la guerra, en un estado de conservación asombroso», confiesa mientras se entusiasma al hojear el hallazgo. «Son obras que tienen un componente sentimental muy importante, igual que muchos tebeos que leímos cuando éramos pequeños, y que he podido ver por ahí; auténticos regalos».

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Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en RSE de la ONU
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Crónica la discusion : Palabras desmemoriadas«

                Crónica
 
 
Palabras desmemoriadas«
El lenguaje cambia. Términos olvidados, prendidos de un recuerdo, mientras otros se descubren, se aprenden o se inventan. Son los signos de lo pronunciado que van señalando el momento que vivimos. 

RESCATE. Hernán Cortes con su libro va tras la huella de las palabras olvidadas.texto y fotos: Solange Domínguez Pacheco. 

Buen día. Nos levantamos con la diuca. -Así es no más, buen día. -Me comí dos churrascas y un ulpo con harina raspabuche. -¡Venaiga! -Ese futre de ahí es bien ajisáo. -El otro día lo aguaité en el pañe. -Es un chute, ve que siempre anda con paletó. -No cambia, ni el día del ñauca. -Gánese para acá, que va empezar a llover a chuzo. -Hay que arrebosarse bien. -Ahí viene la góndola. 

. Tal vez este diálogo parezca de un idioma inexistente, de un tiempo perdido y muchos apenas lo entenderán. Pero es el lenguaje que primaba hace unas décadas. Uno que aún se escucha, aunque hoy se extienden otros registros. El lenguaje cambia, se transforma se hace y rehace de forma incesante: está vivo y va viviendo nuestro presente. Ya lo dijo Octavio Paz en su libro El arco y la lira: "La palabra es el hombre mismo. Estamos hechos de palabras. Ellas son nuestra única realidad o, al menos, el único testimonio de nuestra realidad". Así vamos haciendo tiempo también con el lenguaje, dándole pulso a las distintas épocas, dejando en el antaño las palabras que por mucho tiempo pronunciaron la historia. Hálito del pasado Aunque los labios no las pronuncien y la memoria parezca haberlas olvidado, los intentos por rescatar el testimonio del pasado contenido en el lenguaje no se han perdido. Hernán Cortés, es un ejemplo de ello."Por ahí por los ochenta, precisamente, comencé en un cuaderno, de esos de cuarenta a hojas, a anotar nombre por nombre las palabras que ya se estaban un poco olvidando". Fue una labor en la penumbra, silenciosa y paciente. "Muchas veces el día domingo fui a lugares donde está el folclor vigente con mi cuadernito y un lápiz para tomar nota y poder captar palabras". A esto se sumaron sus propios recuerdos de infancia, los más eternos dice, como oriundo de estas tierras, específi camente de San Carlos. Comenzó en Santiago con el apoyo de su amigo y coterráneo Hugo y siguió la tarea luego en su tierra natal, tras la decisión que trajo la dolorosa muerte de su hijo, hace ya ocho años. "Quise venir a llorar mi pena aquí", aclara aún con emoción. » Con el tiempo ese cuaderno se fue haciendo insufi ciente, vino otro de cien páginas, luego el computador. "Incrementé considerablemente el conocimiento de dichos y palabras desconocidas que son paridas desde la boca misma del campesino y esto dio como consecuencia un volumen de 540 páginas más o menos que yo le he llamado diccionario del hablar campesino". Se trata de Sombrero Alón, que contiene diversos temas alusivos a las costumbres y tradiciones del mundo rural, el que sólo en su diccionario tiene más de 10 mil palabras. Hombre dedicado profesionalemnte al mundo de la mecánica industrial y amante de la poesía, ha editado ya 14 libros, percibió esta realidad ineludible de los cambios y el olvido en el lenguaje. Decidió que este patrimonio no se perdería. Sin embargo, hoy es su misma iniciativa la que está en riesgo. "Desgraciadamente ya he pasado casi cuatro años golpeando puertas, intentando que la autoridad me colabore para editar y todo ha sido infructuoso. Por una u otra razón siempre hay inconvenientes". En estos momentos su libro está en Dinamarca fruto de un ofrecimiento de apoyo, pero todavía no hay luces. "Ya estoy perdiendo nuevamente esa chispita que se me abrió porque ya van como tres meses y no ha pasado nada". Por el momento sólo ha autoeditado algunos ejemplares. Para él, en las páginas que hoy cobijan a esas palabras y frases antiguas, donde está también su propia memoria, hay un legado fundamental, que no puede abandonarse. "Un pueblo sin historia malamente puede pensar en un futuro, las raíces mismas son parte de la historia y deben quedar vigentes para las nuevas generaciones, para que conozcan cómo vivieron sus abuelos, parte de sus padres". Para Hernán es un compromiso con el folclor, con esa sabiduría, ese pensar y sentir tradicional que ha conocido de cerca por más de dos décadas. Tal como la energía Uno de los principios básicos de la ciencia es que la energía no se crea, ni se destruye, sólo se transforma. Eso mismo pasa con el lenguaje. "El hecho que la lengua sea un ente vivo, mientras haya personas que hablen una lengua esta va ir cambiando, va ir modifi cándose", precisa Alejandra Hernández, docente de lingüística de la Universidad del Bío-Bío. Abutagado, chopazo, arrelingarse, palangana, lile, embolinado, » achuñuncado, menjunje, piturriento, maula, artesa, meuca, tracalada, tungo, tarasca, hueñe, embeleco. Estas palabras son sólo algunos ejemplos de los términos que han ido desapareciendo. "Los arcaísmos son palabras antiguas que ya nadie usa como emporio, botica todas se han ido cambiando", aclara el profesor de castellano y miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Carlos René Ibacache. Sin embargo este no es un proceso antojadizo "Tiene que ver con que ciertas realidades vayan desapareciendo, hoy en día nadie habla del término vitrola, por ejemplo. Tiene que ver con una realidad que también está extinta", precisa la profesora Hernández. En sentido inverso, se encuentran los neologismos que surgen para nombrar lo que no estaba, lo que no se conocía. "Están permanentemente irrumpiendo y apareciendo, sobre todo con la tecnología, nuevos términos que vienen a darle sentido, signifi cado a ciertos instrumentos y fenómenos", precisa Tilma Cornejo, profesora de Didáctica de la UBB. De esta manera, se va fraguando el proceso de permanente retroalimentación y actualización. "Esto del lenguaje de antaño corresponde a momentos en la vida y desarrollo de un pueblo. Tuvieron su importancia y su vitalidad en ese momento, ahora, a lo mejor, no sirven para el momento actual, pero habrá otros", agrega la docente Cornejo. Sin embargo, en estos momentos los problemas idiomáticos no están dados por estos cambios, sino por el empobrecimiento creciente que se está observando en el uso del idioma, lo que implica que se está dejando en el pasado mucho más. Un fenómeno mayor Pocas palabras, otras mal pronunciadas, otras descontextualizadas, la exagerada primacía en todas las esferas, desde el mundo político pasando sobre todo por los medios de comunicación de la lengua informal, propia de la interacción cotidiana. Además las palabras baúles, esas que sirven para todo, como el verbo ser, estar, poner o tener están » en todas las oraciones. "La falta de lectura, la falta de educación, de escuchar, de tener referentes adecuados hace también que se vaya perdiendo esto, limitando cada vez más el número de términos, el léxico se va restringiendo, aparentemente es como ir quedando ciego", precisa la profesora Alejandra Hernández. "Es una ley de menor esfuerzo en todo sentido, no sólo léxico. En lo fonético existe esta poca necesidad de querer articular bien, dejar las palabras a medias, cortarlas, todo lo que se observa en el contexto de la informalidad, un poco esfuerzo en general, una pereza para hablar", agrega. De esta manera, no sólo las palabras norman, sino que también revelan la realidad y la actitud que asumen las sociedades. En este proceso, se han destacado los anglicismos, que por la connotación de estatus que se asocia a ellos, pasan a reemplazar las palabras existentes. Se cita un ejemplo: hielera. Ya no se dice porque hoy se opta por el término cooler. Se vuelve palabra antigua sin serlo. "En alguna medida nosotros estamos participando de un lenguaje global, a nosotros nos invadieron primero los anglicismos. Ahora viene todo el lenguaje computacional", precisa el especialista Carlos Ibacache, quien lamenta la merma en la lectura. Ya se ha dicho. El lenguaje vive sus procesos y sus cambios en un dinamismo en el que subyacen también riesgos. Sin embargo, nunca está todo perdido."El lenguaje es transversal por lo tanto es una responsabilidad de todos. Desde el momento en que somos hablantes, somos partícipes de estos cambios y de la aceptación o no de ellos", sentencia la docente Tilma Cornejo. Las transformaciones, el rescate, el enriquecimiento están ahora en nuestros labios. 

« "El hecho que la lengua sea un ente vivo, mientras haya personas que hablen una lengua esta va ir cambiando, va ir modifi cándose"(Alejandra Hernández, docente UBB)». 



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Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en RSE de la ONU
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