Saturday, May 03, 2008

El vino en la antigüedad: factor civilizador y cultural

El vino en la antigüedad: factor civilizador y cultural


Por Juan Carlos Carcelén 
Conservador del Museo del Vino de Jumilla

El vino es uno de los productos naturales que ha tenido un papel muy importante en las culturas mediterráneas.

En los procesos de expansión colonizadora hacia Occidente, que ocurrieron a lo largo del primer milenio a.C. estas culturas transmitieron, con nuevas interpretaciones, los rituales y mitos que en torno al vino se habían desarrollado ya desde el tercer milenio a.C. en Oriente.

Para los fenicios, su transcendencia económica fue muy importante, al considerarlo en su comercio de tanto valor como las joyerías, la púrpura, los metales preciosos, etc. Además en Oriente el vino siempre estuvo ligado a los bienes económicos del templo y el palacio.
Poco a poco, las comunidades indígenas de Iberia van accediendo al vino y organizando su propia producción.

Más tarde, en la época romana es cuando el vino alcanza la categoría de bebida de consumo ordinario.
No todos las bebidas existentes entonces

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OImagen de Simposium etrusco.

tenían la misma categoría y la práctica de beber el vino en comunidad asumía una exclusiva e importante función: la adquisición de honor y la creación de unas obligaciones sociales.

Según el profesor A.J. Domínguez, esta función, practicada y perfectamente asimilada de la cultura griega, necesitaba de una serie de complejos montajes simbólicos pero también de unas infraestructuras para garantizar un uso adecuado del mismo. Ello se debía a los poderes atribuidos al vino y centrados sobre todo en su potencialidad embriagadora.

El vino debía beberse en un marco adecuado, el simposium, que reunía en torno a la crátera a los privilegiados, separándolos en la sala de banquetes del resto de convidados que no participaban. La copa se desplazaba en sentido vertical y horizontal, elevándose hacia los dioses y circulando entre los hombres.

El tratamiento conveniente del vino consistía en añadirle agua, lo que confería al acto un carácter civilizador; "el vino puro producía la locura, como les ocurrió a los centauros que, embriagados por beber vino puro atacaron a los lapitas para arrebatarles a sus mujeres".

La gran madurez de las uvas usadas en la elaboración darían lugar a vinos de alta concentración alcohólica (16-20º) o bien los tratamientos para su conservación (concentración o incluso la adición de sustancias vegetales con carácter psicotrópico que aportarían especialmente al vino en estado puro dotes embriagantes extraordinarias) hacían necesaria esta mezcla con el agua.

El ritual de la mezcla garantizaba una mayor duración del festejo y las proporciones (10:5, 3:1, 5:3 partes de agua y partes de vino) variaban en función del momento del acto y de la importancia de los participantes.

Las preferencias bebedoras de griegos y romanos, claramente centradas en el vino, consumido de acuerdo a precisas normas, con un determinado orden y ceremonial, en estancias adecuadas y con un mobiliario preciso, hacen que su visión de lo que bebe el "otro" quede ampliamente marcada por sus prejuicios culturales.

El consumo del vino en estado puro o sin diluir, estaba considerado como un acto reservado a los bárbaros o a los que se comportan como ellos, o a los locos, que enloquecían por esa causa, o a los malvados.

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Oinochoe romano

Otra diferencia entre civilización y barbarie durante la colonización romana era el uso que se hacía de las diferentes bebidas que competían con el vino, a saber, los llamados falsos vinos (de dátiles, higos, manzanas, peras), con diversos aromas, con plantas de jardín, con flores, con hierbas, con agua y miel, con miel y vinagre, etc.

Además hay que añadir otras bebidas derivadas de los cereales: el "zythum" en Egipto, la "caelia" y la "cerea" en Iberia y la "cervesia" proveniente de la Galia, siendo esta ultima una de las de mayor éxito. (Plinio; N.H. XIV).

El juicio negativo de Plinio es claro: "no solo esas bebidas son sucedáneos del vino sino que, además, son malolientes, se beben puras, sin mezclar, provienen de los cereales y son muy inferiores en aroma y fuerza".

En general, en la Iberia romana, la cerveza se consideraba un sucedáneo apto solo para aquellos que no tienen medio de acceder al vino, bien porque en determinados países no se produce, bien por su precio.

Posidonio en su obra sobre las costumbres de los celtas resalta como los ricos beben vino mezclado con agua, mientras que los pobres tienen que conformarse con cerveza de trigo, sola o preparada con miel, ("cormae").

En su afán de marcar distancias entre el vino y la cerveza (bebida pobre y bárbara), individuos aparentemente tan sensatos como Aristóteles en su "Tratado sobre la Ebriedad", no tienen reparos en buscar diferencias hasta en las consecuencias de embriagarse con una u otra bebida; así, por ejemplo, para este autor "aquellos que se han emborrachado con vino caen boca abajo, mientras que los que han bebido cerveza lo hacen boca arriba; porque el vino produce pesadez de cabeza, pero la cerveza adormece".
 

Igualmente puntualiza; "aquellos que han bebido la cerveza de cebada que llaman Pinom caen sobre sus espaldas y permanecen boca arriba, a diferencia de los que se embriagan con otras bebidas intoxicantes que caen en todas direcciones, a veces a la izquierda, a la derecha o boca arriba o boca abajo".

Aparte de lo anecdótico, es interesante el intento de elevar a la categoría "científica" los resultados o efectos de la elección de una determinada bebida.

De este modo, el vino alcanza una importante función dentro de los modos culturales y civilizadores en la Iberia romana. Cierto es que Dionisos y Baco, responsables de convertir el mosto en vino, no dispensan sus dones a todos; solo lo hacen a aquellos que, en cierto modo, lo merecen. (Plinio N.H; XIV, 137).

Como dice P. Villard "los griegos y romanos seguramente daban las gracias a estos dioses, por haberles evitado bebidas mediocres".
 

Prejuicios culturales, pues, en la elección de la bebida.

El vino hace historia

 I. Rosado, el color de los primeros vinos

 

 

 II. La Metafísica del vino

 

 

 III. El vino en la antigüedad: factor civilizador y cultural

 

 

 IV. Pasteur y el Vino. Inicio de la Enología

 

 

 V. La degustación del Misterio

 

 

 VI. Areómetros - Alcohómetros metálicos

 

 

• VII. El Testavin

 

 

• VIII. El valor de las antiguas botellas

 

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Saludos
Rodrigo González Fernández
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