Monday, February 04, 2008

desde papel en blanco: Premio Casa de Las Américas 2008: los ganadores

Premio Casa de Las Américas 2008: los ganadores

Posted: 03 Feb 2008 07:38 PM CST

YasanEsta semana que termina fueron anunciados los ganadores del Premio Casa de las Américas de Literatura 2008.

La selección recayó en dos escritoras argentinas y en un escritor colombiano. Los de poesía y cuento en las dos primeras y el de ensayo histórico-social en el segundo. Son entonces dos galardones literarios que se unen a los múltiples recibidos el año pasado por escritores y escritoras de Argentina.

La llave Marilyn de Laura Yasan obtuvo el premio en la mención poesía y de él dijo el jurado que es:

una metáfora de la soledad en la ciudad moderna, con un tratamiento original en el que destaca un lenguaje despojado e irónico, entre la imagen y el habla cotidiana.

Samanta Schweblin ganó la versión cuento con su libro La furia de las pestes. Para con él las palabras de jurado fueron que:

alcanza una alta calidad estética, tanto por el conocimiento que demuestra de las técnicas y posibilidades del género, cuanto por la originalidad con que aborda aspectos de la realidad desde diversos enfoques

La mención de ensayo fue a las manos de Hugo Niño por el volumen El etnotexto: las voces del asombro, distinguido porque:


proporciona una valiosa herramienta de incorporación de la creación cultural de los grupos, hasta ahora, subordinados, en el análisis histórico de los nuevos sujetos sociales que están dando forma al siglo XXI latinoamericano

Esta fue la convocatoria número 49 del Premio Casa de las Américas de Cuba, uno de los más prestigiosos de Hispanoamérica y que incluye, además, otros premios especiales: el José María Arguedas de narrativa que correspondió a la obra El ejército iluminado, del mexicano David Toscana; el José Lezama Lima de poesía que fue para En un abrir y cerrar de ojos, del chileno Óscar Hahn y el Ezequiel Martínez Estrada de ensayo para Elogio de la diversidad. Globalización, multiculturalismo y etnofagia, de Héctor Díaz Polanco de República Dominicana.

A ellos se añade el Premio de literatura brasileña que legó a las manos de Carlos Walter Porto-Gonçalve por A globalização da natureza e a natureza da globalização, el de Narrativa caribeña que fue para el haitiano Louis-Philippe Dalembert por la novelaLes dieux voyagent la nuit.

Vía | Cubaencuentro
Más información | Dos argentinas ganan en Cuba el Premio Casa de las Américas

'Los crímenes de Oxford', de Guillermo Martínez

Posted: 03 Feb 2008 06:33 PM CST

los-crimenes-de-oxford.jpgEstamos ante un estilo particular de novela que podría definirse como un 'thriller tranquilo', una intriga en la que, a pesar de los asesinatos y los puntuales pasajes escabrosos, prima mucho más el discurrir intelectual. Un joven matemático argentino llega a la famosa villa académica para realizar su tesis pero, tras darse de bruces con el asesinato de su casera, acabará uniendo su materia gris a la de un prestigioso profesor de lógica para tratar de descubrir a un presunto criminal en serie.

En este sentido, Los crímenes de Oxford es un libro que gustará a los amantes del misterio con un punto de desafío a la inteligencia. Escrito por un matemático, las matemáticas son el ámbito de la resolución del acertijo, tomadas en su vertiente más filosófica, mística e incluso poética. A partir de los principios de las series lógicas, Martínez nos va conduciendo por Wittgenstein y hasta los pitagóricos en una curva descendiente desde las certezas axiomáticas que comparten los personajes al comienzo de la obra hasta su confusión final con lo irracional y las reglas secretas que rigen el mundo.

Pero no estamos ante un libro de misticismo new-age. El juego que planeta Martínez entre lo demostrable y lo que forma parte de la superstición o el mito tiene por objetivo demostrar la credulidad persisitente del ser humano, su capacidad de persuadirse a sí mismo buscando sentidos ocultos y conspiraciones dónde no los hay. Algo similar a la tesis del Péndulo de Foucault, en el sentido de que somos los creadores de nuestras propias sombras. Si bien el desarrollo de Martínez es mucho más ameno y fluído que el de Eco (lo que muchos celebrarán), no puede decirse sin embargo que la novela flaquée en lo que va más allá de lo cerebral.

No puede decirse que Martínez no domine su estilo literario. Al contrario, la narración avanza con notable agilidad, incluso en los primeros capítulos previos al crimen inicial en dónde los acontecimientos son bastante anodinos. Otra de sus virtudes es la de caracterización de los personajes, sobre todo en sus diálogos, de una gran vivacidad. Desgraciadamente toda esa habilidad no disimula que sus protagonistas están encorsetados dentro de clichés-tipo que les dejan poco movimiento y nula capacidad de desarrollo. Tampoco se dan cambios evidentes de ritmo ni de tono, por lo que la novela transcurre con un aire de distanciamiento calculador incluso en los momentos más emotivos o pasionales.

El protagonista absoluto de la novela es el ya mencionado profesor, Arthur Seldom. Un tipo seguro de su superioridad intelectual y con suficiente candor humano para resultar entrañable, pero que transpira al mismo dolor y amagura. Funciona perfectamente como Sherlock Holmes matemático, pero tampoco se le permite ir más allá. Hay todo un trasfondo detrás de él que la novela sólo insinúa pero inexplicablemente decide dejar atrás, aún después de enterarnos de que constituye el meollo de la cuestión.

'Los crímenes de Oxford' despliega igualmente un abanico de personajes y anécdotas realmente fascinantes, pero es una lástima que se vayan quedando por el camino y se queden en nada al final del libro. A algunos, como el matemático en coma que día tras día garabatea el nombre de una mujer, se le podría imaginar más trascendencia. En general se perciben como gruesos remedos argumentales a algunos personajes cuya única función es la de resultar muy sospechosos en un momento dado para servir de pista falsa. Las relaciones que se establecen entre ellos tienen un aire mecánico que chirría. Así, el narrador tiene que hablar en términos matemáticos incluso cuando escribe una carta de amor.

Sin duda este el fallo más destacado de Martínez. A la hora de proponer un desafío intelectual a su lector quizás lo haya subestimado. Y es que en esta madeja que enrolla para destejer luego y mostrarnos el truco en la manga hay fallos de bulto. Quizás al narrador (cuya incidencia es prácticamente nula en la novela, poco más que un Watson para Seldom) no le sorprenda que una eminencia le elija a él, nada más conocerle, como confidente y ayudante para resolver un crimen, pero al lector sí. El trazado por los recovecos de Oxford y los enigmas de la lógica que nos ofrece Martínez se sigue con gusto, pero el final nos dejará una sensación insatisfactoria, de círculo que no se termina de cerrar.

Saludos
Rodrigo González Fernández
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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