Thursday, October 26, 2006

Solidaridad y humanización para los premios Asturias

Solidaridad y humanización para los premios Asturias

El Príncipe Felipe y su esposa entregaron los galardones correspondientes a este año en una ceremonia realizada en Oviedo.

OVIEDO, España, 21 (AFP-NA) . - Felipe de Borbón y Letizia Ortiz entregaron en Oviedo (Asturias, norte) los premios Príncipe de Asturias 2006 en una ceremonia en la que los discursos instaron a una mayor solidaridad, a la humanización de la globalización y al combate a la pobreza.
En una ceremonia "solemne y emotiva", como calificó el príncipe Felipe, que la presidió junto con su esposa, Letizia Ortiz, visiblemente feliz con su embarazo de tres meses, fueron entregados los premios a la ex presidenta de Irlanda, Mary Robinson (Ciencias Sociales), al escritor estadounidense Paul Auster (Letras), a la Fundación Bill y Melinda Gates (Cooperación internacional), a UNICEF (Concordia), a National Geographic (Comunicación y Humanidades), a la selección española de baloncesto (Deportes), al cineasta español Pedro Almodóvar (Artes) y a Juan Ignacio Cirac (Investigación científica y Técnica).
Letizia, que había concentrado la atención de los invitados por su feliz estado, siguió todos los pasos de la ceremonia y los discursos con atención y se la vio gozando de un espléndido estado de salud, con una elegante chaqueta beige y un vestido ajustado, lila claro, con un pañuelo de cuello en el mismo tono.
Los gaiteros de la banda Ciudad de Oviedo abrieron y cerraron la ceremonia con su singular música y paso marcial.
El presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, José Ramón Alvarez Rendueles, inició los discursos de los galardonados. Primero fue el escritor Paul Auster, quien se declaró "optimista" sobre el futuro de la novela, después de admitir que no sabía por qué escribía.
El autor de "La música del azar" concluyó su reflexión diciendo: "La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente:
porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa".
Después de recibir los diplomas de manos del heredero de la Corona española, hablaron William H. Gates, copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates (Premio de Cooperación Internacional), y padre del fundador de Microsoft, y la ex presidenta de Irlanda Mary Robinson (Premio de Ciencias Sociales).
Gates comentó que la ayuda económica es muy importante para "evitar y curar enfermedades", pero afirmó que además de esa ayuda monetaria es necesaria una cuestión humanitaria: "La gente se muere y nosotros podemos salvarla", añadió.
Mary Robinson abogó por la "humanización" de la globalización. La ex presidenta dijo que el galardón recibido "anima nuestra labor en Realizing Rights en pos de una globalización más humana. En ninguna otra área es este esfuerzo más necesario que en la inmigración. Esta es, al fin y al cabo, la cara humana de la globalización", ilustró.
La directora ejecutiva de UNICEF, Ann M. Veneman, advirtió que "queda mucho por hacer" en favor de la infancia, porque "todavía vivimos en un mundo donde más de dos mil millones de personas viven con dos dólares al día o menos".
"Vivimos en un mundo donde más de 10 millones de niños al año se mueren por causas que en gran medida se pueden evitar, como la enfermedad y la malnutrición", denunció.
En cambio, ni Almodóvar ni Pau Gasol pronunciaron discurso alguno.
Fuera del recinto también se vivieron momentos de gran emoción y entusiasmo, como es habitual todos los años. Cientos de personas, con el sonido permanente de las tradicionales gaitas asturianas, aclamaron a la reina Sofía, al príncipe Felipe, pero sobre todo a la princesa Letizia, calurosamente aplaudida a cada paso que dio en su ciudad natal.
El director Pedro Almodóvar y su musa, la actriz Penélope Cruz, fueron también grandes protagonistas en las afueras del teatro, fuertemente ovacionados por el público. La protagonista de su última película, "Volver", impactó con su belleza y con un vestido azul marino oscuro acompañado por un abrigo tres cuartos en color blanco y sandalias elevadas. Almovódar lucía sencillamente un traje y camisa negros.

 

LIBRO COMENTARIOS: Una ética más allá del bien y del mal

BARUCH SPINOZA (1632-1677)
Una ética más allá del bien y del mal
Acaba de editarse Las cartas del mal, correspondencia entre el filósofo holandés y Willem van Blijenbergh, un comerciante de cereales calvinista, un documento clave para develar aspectos fundamentales del pensamiento spinozeano. El mal pensado desde el plano f isiológico, en el marco de una relación de cuerpos, y la vigencia de este planteo en relación con los totalitarismos de los siglos XX
y XXI: el nazismo, el fascismo, el comunismo y el fundamentalismo islámico.
Por Luis D. Fernández
25.10.2006
FORTALEZA. Su genialidad consiste en haber visto que la alegría dota al ser humano de autonomía.
FORTALEZA. Su genialidad consiste en haber visto que la alegría dota al ser humano de autonomía.
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La reciente publicación de Las cartas del mal (Caja negra), en conjunto con otros libros como la biografía Spinoza, de Steven Nudler (Tusquets), o el Compendio de gramática de la lengua hebrea (Trotta), no hace más que mostrar la vigencia del pensamiento de Baruch Spinoza. La oscuridad de algunos pasajes o las continuas referencias bíblicas pueden tornar un tanto complejo el ya intrincado léxico del filósofo judeo-portugués; algo que se agrava por las traducciones del latín o del holandés –lenguas en las que escribía. De todos modos, la luminosidad y la vigencia de su filosofía se dejan atrapar por todos, si se vence cierta resistencia inicial.

Escrita entre diciembre de 1664 y junio de 1665, la correspondencia entre Baruch Spinoza y Willem van Blijenbergh –un comerciante de cereales calvinista– puede leerse como un intercambio microfísico de la realidad filosófica y política en la Holanda del siglo XVII.

Durante casi veinte años (1653-1672), Holanda fue una verdadera isla de libertad; la tierra más fértil y oportuna para el desarrollo del librepensamiento spinozeano. De la mano de Juan de Witt, quien ocupó la Secretaría de los Estados Generales luego de las encarnizadas batallas entre los sectores calvinistas y monárquicos (de la Casa de Orange), Spinoza se había instalado en las afueras de La Haya, donde trabajaba como pulidor de lentes y obtenía el beneplácito, así como el apoyo económico, de gran parte de la intelectualidad política del momento para desarrollar su programa filosófico.

Una de las primeras medidas de la administración De Witt fue la separación de las cuestiones teologales de las filosóficas, gracias a lo cual Spinoza pudo publicar su célebre Tratado teológico-político.

El mal como debilidad corporal. La polémica en torno del mal emergida de las cartas puede verse como una suerte de reflejo de la problemática en la Holanda republicana durante el gobierno de De Witt. Comenzadas con un envío de Blijenbergh, estas ocho cartas conservadas (cuatro de cada uno) terminan siendo centrales para develar ciertos aspectos fundamentales del pensamiento spinozeano (tal como señala Gilles Deleuze en el notable comentario que se adjunta). Spinoza reformula el apotegma racionalista del siglo XVII, que reza que el mal no existe. El corazón del planteo del pensador es que lo malo es una suerte de indigestión o de intolerancia. El mal es pensado desde el plano fisiológico, desde lo corporal. En este sentido, el mal se da en el marco de una relación de cuerpos. El mal es más un envenenamiento o una privación que una propiedad del individuo. Viendo más en detalle, lo que Spinoza plantea y se infiere del intercambio epistolar con el comerciante calvinista es que el mal es la descomposición de una relación, su destrucción; por ende, el mal es una negación o una privación y no una propiedad o sustancia. Para Spinoza, “lo malo” será todo aquello cuya finalidad sea descomponer una relación, obturarla o privarla. Es una detención y, en el fondo, una debilidad. El comentario de Gilles Deleuze es muy claro al respecto para ejemplificar el modelo de descomposición de Spinoza; para Deleuze, en el acto de robar se descompone la relación de un individuo con su propiedad o en el adulterio se descompone la relación con el cónyuge. Por lo tanto, el mal existe en la relación de los cuerpos, no per se.

Spinoza asocia el mal con la tristeza y la debilidad. En definitiva, el acto malo es una acción de un hombre débil y pasivo. La fortaleza/bondad, a la inversa, potencia y compone relaciones entre los cuerpos. Esta biopolítica afirmativa que se prenuncia es la especificidad de la filosofía de Spinoza: la generación de relaciones entre los cuerpos es la naturaleza de la alegría.

La genialidad de Spinoza consiste en hacernos ver que la alegría activa y la autoafectación nos torna autónomos y fuertes. El ser está por fuera de las categorías de lo malo y lo bueno, y se articula en relaciones que pueden ser de composición (generativas) o de descomposición (débiles, malas). El mal en tanto debilidad se encuentra lejos de la categoría cristiana de pecado, sino en función de una relación afectiva, de la degradación del cuerpo: en términos contemporáneos, una biopolítica negativa. La vigencia de este planteo es pasmosa. Pensar que gran parte de los totalitarismos de los siglos XX y XXI (nazismo, fascismo, comunismo y fundamentalismo islámico) operaron y operan en este sentido, afectando y obturando los cuerpos. El desafío más actual que nunca es, como plantea Roberto Esposito, desarrollar una biopolítica afirmativa que, precisamente, se asiente sobre las bases filosóficas de Baruch Spinoza.

El príncipe de los filósofos
“Nadie sabe lo que un cuerpo puede”, dijo Spinoza bellamente. La Etica no publicada en vida por la prohibición de la Casa de Orange es la construcción de una fisiología moral sin precedentes; de ahí, como ha señalado Toni Negri, el carácter anómalo de la figura de Spinoza, su singularidad y su insularidad es lo que le ha dado el mote de “príncipe de los filósofos”, emblema de independencia y libertad.

La edición de las cartas incluye una lámina con el decreto de excomunión de Spinoza (en 1656). La última línea del documento condenatorio ordena a la comunidad que nadie lea nada escrito por el filósofo; el triunfo de Spinoza es más que evidente: su filosofía puede constituirse en la punta de lanza para una alternativa política posible en el siglo XXI.

La muerte poco puede significar, dice Deleuze, para el hombre bueno o fuerte, ya que la intensidad de su afección afirmativa es tan grande que ha conquistado en vida la eternidad misma. El panteísmo de Spinoza es una celebración de lo existente, del poder, de la capacidad del individuo para transformar lo que es; de ahí su radicalidad. El materialismo liberal de Spinoza es la emoción por la verdad.

 

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